Los próximos años serán decisivos para los esfuerzos mundiales que pretenden hacerle frente a la crisis climática. El plazo de oportunidad para mantener el aumento de la temperatura promedio mundial por debajo de 1,5 °C —un umbral crítico a partir del cual algunos de los impactos del cambio climático se vuelven irreversibles— llega rápidamente a su final. Algunos estudios recientes indican que podría haberse acabado ya (enlace en inglés).

Sin embargo, cada fracción de grado importa, y los países deben unirse para acelerar una acción climática que, además de rápida, sea sostenida y a gran escala para limitar el calentamiento tanto como sea posible. En este contexto, la próxima ronda de compromisos climáticos nacionales —o Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés)—, en el marco del Acuerdo de París, ofrece una oportunidad vital para cambiar radicalmente nuestro rumbo mediante la transformación de la economía mundial en una economía baja en carbono, resiliente e inclusiva. Para ello, es crucial que reconozcamos los derechos, las necesidades y las prioridades de quienes ya cargan con gran parte de los impactos del cambio climático, desde las mujeres y la juventud hasta los pueblos indígenas y las comunidades del Sur Global. Asimismo, debemos apoyar a estos grupos para que lideren la acción climática, ya que el acceso desigual a la implementación de soluciones climáticas puede agravar o incluso multiplicar las desigualdades sociales y de género.

En la 29.a Conferencia de las Partes (COP29), la versión mejorada del programa de trabajo de Lima sobre el género (enlace en inglés) se extendió por diez años, lo que reafirmó la función crucial de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres para la acción climática y, en última instancia, para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. Esta decisión también reiteró la importancia de la integración de un enfoque transformador de género y de los medios de implementación para aumentar la ambición en la política y la acción climáticas y permitir una transición justa de la fuerza de trabajo.

Dados los múltiples beneficios que pueden aportar los enfoques transformadores de género en los marcos normativos climáticos y los planes de implementación, los países deben considerar cómo fortalecerlos en su próxima ronda de NDC. Para ello, deben superar algunos desafíos persistentes:

  • Las mujeres y las niñas de diversos orígenes están asumiendo cada vez más funciones de liderazgo en los procesos de toma de decisiones, planificación e implementación de la acción climática. Sin embargo, a pesar de algunos avances en el fomento de una participación y compromiso significativos, informados y efectivos por parte de ellas, las desigualdades estructurales aún pueden limitar su capacidad de involucramiento y obstaculizar su empoderamiento.
  • Asimismo, aún queda mucho trabajo por hacer para lograr una acción climática de género transformadora en todos los ámbitos. Si bien la mayoría de los países han integrado una serie de consideraciones sobre igualdad de género en sus NDC actuales, no siempre incluyen medidas específicas en sus planes o estrategias de implementación. Además, incluso cuando se mencionan prioridades específicas, no todas se traducen en acciones concretas y sostenibles debido a la falta de recursos y de capacidad institucional.
  • La mayoría de los gobiernos se esfuerzan por adquirir la experiencia y los conocimientos necesarios para poner en práctica la acción climática. Sin embargo, es necesario seguir avanzando en la creación de procesos y estructuras de desarrollo de capacidades, sobre todo los dirigidos a las mujeres y a otros grupos infrarrepresentados. Por ejemplo, a escala mundial, las mujeres solo representan el 32 % de la fuerza laboral en el sector de energías renovables. Si bien esta cifra es superior a la de su participación en el sector de la energía convencional, que se sitúa en el 22 %, muchos de los empleos que ocupan en el sector de energías renovables corresponden a funciones administrativas, mientras que los hombres ocupan casi tres cuartas partes de los empleos relacionados con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (CTIM).
  • Existen también obstáculos persistentes que limitan el acceso de las mujeres a la financiación climática. La financiación es clave para fomentar las contribuciones de las mujeres a las soluciones climáticas y ofrecerles capacitación y nuevas habilidades que garanticen su participación en una economía con bajas emisiones de carbono. Sin embargo, los marcos y las estrategias de financiación no siempre incluyen medidas específicas para garantizar el empoderamiento económico de las mujeres. Por ejemplo, en 2019, solo el 2 % de la financiación climática mundial llegó a los pequeños agricultores, los pueblos indígenas y las comunidades locales del Sur Global. Asimismo, los flujos de financiación climática excluyen en gran medida a las mujeres, las niñas, las mujeres indígenas y las mujeres con discapacidad.
  • En muchos países, los conocimientos de las mujeres indígenas constituyen un elemento clave de las soluciones climáticas. No obstante, en ocasiones estos conocimientos corren peligro, pues los esfuerzos por reconocerlos, evaluarlos, aplicarlos y preservarlos son reducidos. Es necesario un mayor reconocimiento y preservación de los conocimientos de las mujeres indígenas para garantizar que la acción climática sea más eficaz y relevante en cada contexto, y tenga una apropiación local y un mayor impacto.
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Los próximos años serán decisivos para los esfuerzos mundiales que pretenden hacerle frente a la crisis climática. El plazo de oportunidad para mantener el aumento de la temperatura promedio mundial por debajo de 1,5 °C —un umbral crítico a partir del cual algunos de los impactos del cambio climático se vuelven irreversibles— llega rápidamente a su final. Algunos estudios recientes indican que podría haberse acabado ya (enlace en inglés).
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Women conducting water quality measurements in Suriname
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UNDP